Asnos estúpidos. Un cuento breve de Isaac Asimov

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos.

Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.
En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.

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Un artista del hambre de Franz Kafka

En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno; todos querían verlo siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños. Para los adultos aquello solía no ser más que una broma, en la que tomaban parte medio por moda; pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido, con camiseta oscura, de costillas salientes, que, desdeñando un asiento, permanecía tendido en la paja esparcida por el suelo, y saludaba, a veces, cortésmente o respondía con forzada sonrisa a las preguntas que se le dirigían o sacaba, quizá, un brazo por entre los hierros para hacer notar su delgadez, y volvía después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni de nada, ni siquiera de la marcha del reloj, para él tan importante, única pieza de mobiliario que se veía en su jaula. Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, y sólo de cuando en cuando bebía en un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios.

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Es de noche. 

Es de noche y no puedo dormir. Aunque tengo muchos planes que me hacen feliz, me distraigo pensando en que voy a comprar en el futuro, una cámara reflex ha sido mi sueño durante años y aunque he podido tenerla, el caso es que no me hace falta en realidad, es más bien lo que representa tener una cámara a la mano para tomar fotos de paisajes, caras o grabar lo indescriptible. Lo peor del asunto es que he perdido horas buscando reviews y modelos, marcas consejos, y un gran etc para luego darme cuenta que quería hacer muchas cosas que luego me daba cuenta solo eran excusas para no hacer lo que quería. Un saboteo consumista podría decirse. Y es que actuar ya, tiene más provecho así este plagado de equivocaciones. Actuar ya significa no entretenerse con cualquier opio ¿no crees? 

Años de Cesaré Pavese


De lo que era yo entonces no queda nada: apenas hombre, era aún un crío. Lo sabía hacía tiempo, pero todo ocurrió a finales del invierno, una tarde y una mañana. Vivíamos juntos, casi escondidos, en una habitación que daba a una avenida. Silvia me dijo esa noche que tenía que irme, o irse ella: ya no teníamos nada que hacer juntos. Le supliqué que dejara que probásemos de nuevo; estaba acostado a su lado y la abrazaba. Ella me dijo:
-¿Con qué finalidad? -Hablábamos en voz baja, a oscuras.

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¡Hola Blog! 

Hoy es miércoles cuatro de enero del año 2017 y realmente no me lo puedo creer. Intento más que nada memorizarlo, desde que termine la carrera el año pasado, sí expresamente ha pasado un año de mi vida en el que de cierta forma no me arrepiento. Paso de forma natural, recibí mi título, me case, me mude de casa y de país, ahora de forma definitiva.
Cuando todo pasó me martirizo la idea de que pude haber hecho mejor las cosas en el ámbito académico y profesional. Y hoy, de forma espontánea no me siento mal. Que sí estudie una carrera de una forma no ideal, y que si pude haber hecho dos al mismo tiempo, algún otro curso, pues ya no me pesa. 

Me di cuenta de que mi esposo no vivía ni en el pasado o el futuro, y me sorprendí de lo valiente y sabio que es. De alguna forma en mi vida he dado con seres que me aportan sabiduría en cada frase, de forma hermosa y tranquila me hacen aceptarme a mi misma, como debió haber sido en un principio. 

El final del año 2016 para mi fue hermoso en sus silencios cómodos. He estado algo a la deriva y cuando lo pienso mis ojos vagan y mi espalda se tensa, me acomodo mejor en la silla y digo, ahora, en este preciso momento en el que espero a mi esposo, estoy bien. 

He podido leer varios libros que han hecho de mis días un resplandor constante, de asombro y una envidia sana. 

Primero Tener y no tener de Ernest Hemingway. Corta, deliciosa y truculenta. Para mi una novela espectacular que te mantiene en vilo hasta el final, va en crescendo. Tema: pescadores, trabajo, hambre, amor y reivindicación. 

Después Caminos de Sangre de Cesaré Pavese, encontrada de forma póstuma en el escritorio de Cesaré Pavese. Debo decir que la recomendaría a cualquiera que le gusten los amores difíciles. Es una novela escrita a cuatro manos. La leí en dos días, cosa que no había hecho en mucho tiempo, por eso esta novela me maravilla de una forma particular. 

Y ahora leo De tu tierra de Cesaré Pavese una de sus pocas obras entregada en vida por si mismo. Es impresionante pensar que a diferencia de la mayoría, esta si consiguiese dar con lo que el escritor buscaba. A mi me gusta mucho, tiene un tono seco, las oraciones son cortas y concisas. Me recuerda mucho a la forma de escribir de Ernest Hemingway debo decir. 

Tame Impala y Dee Dee Dums han sido las bandas sonoras de mis viajes, que les contaré más adelante (pretendiendo que más adelante sea muy pronto). No obstante, hace unos días por casualidad escuché a Los Panchos, un antiguo trio de boleros. Sus letras son de otro nivel, son cálidas como el mismo amor. 

 

Casualidad de desconocimiento

Marlene M. Izquierdo Osorio

Son aquellas hormigas las que me imagino en tus rodillas

Estan caminando por tus mejillas

Las sientes yo las puedo sentir.

Están en tu piel.

Es abrumador

La sensación del desconocimiento

De que todo lo que no conoces

Existe y existió

Mucho antes de que tu lo llegaras a conocer.

Una mezcolanza de emociones una danza de emociones.

La naranja es perfección.

Robert Bloch: Espejismo

 

“…La respuesta automática e instantánea de Chuck ante cualquier cosa nueva o distinta era la destrucción. La de Barwell sería investigar e intelectualizar. Se preguntó cuál de las dos era la reacción correcta y luego decidió que dependía de las circunstancias personales. Pues uno nunca debe generalizar, porque todo es único… y hasta esto es una generalización..”

 

Caroline Norton: Yo no te amo

¡Yo no te amo! ¡No! ¡No te amo!

Sin embargo soy tristeza cuando estás ausente;

Y hasta envidio que sobre ti yazga el cielo ardiente;

Cuyas tranquilas estrellas pueden alegrarse al verte.

 

¡Yo no te amo! Y no se por qué,

Pero todo lo que haces me parece bien,

Y a menudo en mi soledad observo

Que aquellos a quienes amo no son como tu.

 

¡Yo no te amo! Sin embargo, cuando te vas

Odio el sonido (aunque los que hablen me sean queridos)

Que quiebra el prolongado eco de tu voz,

Flotando en círculos sobre mis oídos.

 

¡Yo no te amo! Sin embargo tu mirada cautivante,

Con su profundo, brillante y expresivo azul,

Se planta entre la medianoche y yo,

Más intensa que cualquiera que haya conocido.

                              

                           ¡Yo sé que no te amo! Y que otros rasgarán

La confianza de mi corazón sincero,

Apenas percibo sus figuras en el futuro,

Pues mis ojos están vueltos hacia atrás.

Pedro Shimose: Mujer en guardia

 

Defiéndete de mí,

De mi pie que te persigue,

De mi mano que te escribe,

De mi cuerpo astuto y de mi sombra

Más astuta todavía.

 

Defiéndete de mí,

De mi padre y del padre de mi padre

Que viven en mi,

De mi fuerza y de mi grito

En las escuelas y las catedrales,

De mi cámara fotográfica y mi bolígrafo,

De mi anuncios en la tele.

                                  

Defiéndete de mí,

De mi cobardia disfrazada de soledad,

De mi soledad con sus ojeras

Tristísimas

 

Defiéndete de mi,

De mi cortesía llena de frases ingeniosas,

De mi despacho lleno de libros y papeles,

De mis números venenosos,

De mi tabaco y de mi alcohol.

 

Defiéndete de mí,

 por favor mujer,

defiéndete de ti.