Charles Baudelaire: Fleurs du Mal I

 

Las aventuras empiezan por necesidad. Hace tiempo leí que si tienes un bloqueo para escribir, en especial, literatura, el “destapa-caños” ideal es leer poesía, miré mi biblioteca digital y abrí Les fleurs du mal, de Charles Baudelaire. No lo había leído en años y regresar a el me ha sido como iniciarme en la historia de la humanidad. Su traducción puede distar o no de la original pero es difícil no sentir como los acordes bien afinados de su arte poética inundan el yo del lector. Si se observa con detenimiento se puede entender desde su pluma casi toda la historia de la literatura. Escribiré una serie de comentarios muy humildes de mi lectura continuada. Y varias entregas igualmente.

La mala suerte

Para alzar un peso tan grande
¡Tu coraje haría falta, Sísifo!
Aun empeñándose en la obra
El Arte es largo y breve el Tiempo.

Lejos de célebres túmulos
En un camposanto aislado
Mi corazón, tambor velado,
Va redoblando marchas fúnebres.

-Mucha gema duerme oculta
En las tinieblas y el olvido,
Ajena a picos ya sondas.

-Mucha flor con pesar exhala
Como un secreto su grato aroma
En las profundas soledades.

Don Juan de los infiernos 

Cuando Don Juan descendió hacia la onda subterránea
Y su óbolo hubo dado a Caronte,
Un sombrío mendigo, la mirada fiera como Antístenes,
Con brazo vengativo y fuerte empuñó cada remo.

Mostrando sus senos fláccidos y sus ropas abiertas,
Las mujeres se retorcían bajo el negro firmamento,
Y, como un gran rebaño de víctimas ofrendadas,
En pos de él arrastraban un prolongado mugido.

Sganarelle riendo le reclama su paga,
Mientras que Don Luis, con un dedo tembloroso
Mostraba a todos los muertos, errante en las riberas,
El hijo audaz que se burló de su frente nevada.

Estremeciéndose bajo sus lutos, la casta y magra Elvira,
Cerca del esposo pérfido y que fue su amante,
Parecía reclamarle una suprema sonrisa
En la que brillara la dulzura de su primer juramento.

Erguido en su armadura, un gigante de piedra
Permanecía en la barra y cortaba la onda negra;
Pero el sereno héroe, apoyado en su espadón,
Contemplaba la estela y sin dignarse ver nada.

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 El hombre y el mar

¡Hombre libre, tú siempre has de querer al mar!
El mar es el espejo donde tu ser se mira
En la onda que hacia lo infinito se estira
Y de ese amargo abismo tu alma está a la par.
Te gusta hundirte en esa imagen atroz,
Tus ojos y tus brazos la abarcan. Y el sonido
Que hay en tu corazón a veces es vencido
Por el de ese lamento indomable y feroz.

Ambos son por igual cerrados y discretos:
Hombre, ninguno sabe si hay fondo en tus honduras,
Oh mar, nadie conoce tus riquezas oscuras,
¡Tanto que se empecinan en guardar sus secretos!

Y sin embargo, desde siglos innumerables
Los dos se están peleando sin tregua ni piedad.
¡Que manera de amar la muerte y la crueldad,
Oh eternos luchadores, oh hermanos implacables!

(Les Fleurs du Mal, 1857.)

firma_baudelaire

Les fleurs du mal

http://www.avempace.com/index.php?s=file_download&id=2894

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Aviones de papel

A modo de bitácora empiezo este post así:

 

Hoy es 16 de enero del 2017, y no es que sufra de amnesia, pero en este momento en el que exploro el espacio más creativo de mi vida, en el que en medio del desierto soleado y frío en el que pensé que estaba me di cuenta que podía hacer lo que quisiera porque se me había dado de regalo esta libertad, de liberarme de algunas obsesiones y empezar otras peligrosamente, estando sola para respirar y crear. ¿Cuántas veces se puede tener esto? quizá siempre, pero no sé, no esta bien decirlo.

Llegue a pensar que lo había dado todo, y lleve el peso del mundo en mis hombros, y entendí que nada de eso verdad. Los sueños son como aviones de papel que se ven a solas, no pueden compartirse en su gestación porque pierden nutrientes, pierden fuerza y mueren. Así que sólo hablaré de lo que me gustaría compartir, porque me parece increíble, sin embargo, mis sueños me los guardo para que completen su estado de gestación.

Así que en medio de la nada me he vuelto un poco obsesiva con la planificación tomando en cuenta que soy muy caótica, honestamente. Podría decir que casi todos los sistemas operativos tienen calendarios excelentes, pero prefiero algo en físico para revisar cuando se esta haciendo algo que requiere concentración, y la mayoría de las “apps”, lo que hacen es crear un agujero de distracción. Recomiendo estos dos de dos páginas web distintas, hermosos, llenos de arte y gratuitos.

Uno es de Mía Mandarina, venden material para manualidades, decoración, regalos y scrapbooking  y aparte tienen un montón de descargables gratuitos, sí deseas echar un vistazo aquí esta el link

http://www.miamandarina.es/61-descargables-gratuitos

(Aquí descargue un calendario y las plantillas de una agenda semanal, súper práctico)

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El otro pero no menos importante es del blog Universo Platelia, un blog encantador de una diseñadora super creativa y simpática, ambiente que se respira en cada uno de sus post, sí deseas descargarlo…

http://blog.platelia.com/calendario-2017-regalo-personal/

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y otra que hice fue comprarme una libreta (sin líneas) y así recupere la escritura. Escribir en un teclado tiene su encanto pero escribir con un bolígrafo o un portaminas me parece como un arte que había perdido. Sí puedes, busca un cuaderno, o una libreta y vacíate.

La magia de los sonidos

  Y así llega el momento de improvisar.  Hoy jueves 12 de enero del 2017 continuo con lo que hace una semana me dispuse a hacer: escribir a diario y semanal en el blog (este blog). Me pareció una forma de afianzarme con ese pequeño psicoanálisis que me parece sano hacerse, una que otra vez en la vida (pero no a diario, ¡por Dios!). Y claro, adoro el sonido del tecleo constante.

(Sí quieres saber de lo que hablo puedes ver este vídeo)

  Desde hace más de 5 años me estoy enfrentando a la terrorífica idea de que es lo que debería estar haciendo, y que es lo que haré y en forma de bucle se me ha presentado esta misma pregunta día y noche, caminando o acostada, y desde hace unos meses, después de graduarme de abogado en mi país, que esta lejos y que todo lo que conozco ahora es nuevo, brillante y brutalmente sombrío… es una mezcla de futuro y pasado, y mientras escribo esto la espalda se me tensa, y la mandíbula y casi todo los órganos de mi cuerpo también (debo volver urgente a las clases de pilates).

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Asnos estúpidos. Un cuento breve de Isaac Asimov

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos.

Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.
En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.

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Un artista del hambre de Franz Kafka

En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno; todos querían verlo siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños. Para los adultos aquello solía no ser más que una broma, en la que tomaban parte medio por moda; pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido, con camiseta oscura, de costillas salientes, que, desdeñando un asiento, permanecía tendido en la paja esparcida por el suelo, y saludaba, a veces, cortésmente o respondía con forzada sonrisa a las preguntas que se le dirigían o sacaba, quizá, un brazo por entre los hierros para hacer notar su delgadez, y volvía después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni de nada, ni siquiera de la marcha del reloj, para él tan importante, única pieza de mobiliario que se veía en su jaula. Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, y sólo de cuando en cuando bebía en un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios.

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